Más rápido, más rápido, más rápido
Tete Álvarez
Según la leyenda el Dios Heracles determinó la distancia que los atletas debían recorrer sobre el estadio de Olimpia poniendo un pie detrás de otro 600 veces, lo que resultó una distancia de 192,7 metros. Los romanos, por su parte, usaban un ábaco para contar las vueltas en las carreras de barcos. Desde entonces los dispositivos técnicos de medición y captura han acortado las fracciones del microtiempo hasta poder rebasar la diezmillonésima de segundo.
Nos dice Paul Virilio en Velocidad e Información que “los fenómenos asociados de inmediatez e instantaneidad son en nuestros días uno de los problemas más apremiantes que confrontan las estrategias políticas y militares. El tiempo real prevalece sobre el espacio real y la geosfera. La supremacía del tiempo real, la inmediatez, sobre espacio y superficie es un hecho consumado y tienen un valor inaugural (anuncia una nueva época)". Nos habla también en El instante real del “fin del mundo exterior” de la “perdida de conciencia inmediata” y de la “intuición del instante” que produce la captura de ese instante real mediante imágenes.
La aplicación del procedimiento de la fotofinish, sistema de análisis empleado en las competiciones deportivas para discernir las posiciones de llegada a meta, a transeúntes del espacio público local da cuenta del interés por relacionar magnitudes con las que anteriormente había trabajado: espacio y tiempo y cómo el desarrollo de las tecnologías en la sociedad de la información han modificado sustancialmente la percepción que de ellos tenemos.
El tiempo lineal entendido como devenir histórico ha dejado paso al tiempo real, la "perpetua posibilidad" de los versos de Elliot, un tiempo único, eternamente presente que convierte en cenizas conceptos como pasado y futuro. El territorio, antes plural, deviene en espacio virtual global, un espacio uniformado por la velocidad de las comunicaciones que reclama la lógica del sistema mercantil.
"El tiempo seudocíclico consumible es el tiempo espectacular, a la vez como tiempo del consumo de imágenes, en el sentido restringido, y como imagen del consumo del tiempo en toda su extensión" vaticinaba Guy Debord en La Sociedad del Espectáculo. Y es que a esta forma de producción capitalista a escala global le corresponde necesariamente un tipo de discurso en el que debe predominar el espectáculo de la mercancía. La mirada se convierte en el signo de los tiempos de la mercancía.
"El poder es inseparable de la riqueza y la riqueza es inseparable de la velocidad. Quien dice poder, dice, ante todo poder dromocrático -dromos procede del griego y quiere decir "carrera", y toda sociedad es una sociedad de carreras", concluye Paul Virilio.
*En catálogo de la exposición Bienal Internacional del Deporte en el Arte BIDA 2003. Consejo Superior de Deportes. |