TETE ÁLVAREZ

F. Javier Panera

 


Tete Álvarez es un especialista en hacer problemáticas las imágenes, sus fotografías no sirven para buscar mensajes ocultos o esotéricos, ni para intuir narraciones paralelas o subyacentes, sino para desautorizar la mirada. Cada una de las series fotográficas que aquí se presentan supone la presentación tautológica de una premisa que se lanza, no sólo a los ojos, sino al intelecto del observador. La clave de interpretación no se encuentra pues, ni en evocaciones simbólicas ni en cuestiones narrativas, ni siquiera en los propios elementos formales que contribuyen a la configuración física de la obra, sino en la aceptación de que cada imagen puede constituirse como un efectivo dispositivo de reflexión que tiene el poder de revelarnos fisuras en la percepción a través de la cuales se configuran formas críticas de pensamiento.

Tete Álvarez sabe que en el territorio de la imagen lo determinante son las connotaciones más que sus iconos, entendiendo con ello que en el campo de las artes visuales no puede existir imagen sin ideología que la sustente. Su trabajo es en este sentido una continua llamada de atención sobre la artificialidad y la contingencia de las representaciones, en ellas, la percepción, como experiencia y proceso, tiene una función contrapuntística entre naturaleza y artificio, entre materia e información y en suma, entre el creador y el espectador.

Paradójicamente todos sus trabajos tienen también la capacidad de postularse como ambiguos y polisémicos, o dicho de otro modo, complejos dentro de su aparente simplicidad, por cuanto la obra es siempre catalizadora y síntesis de un largo camino en el que se ha ido desprendiendo de todo aquello que era accesorio y secundario.

Sus últimas obras, presentadas en esta muestra bajo el título genérico “Desterritorios” son el fruto de un proceso de reducción y economía productiva de la imagen, que alcanza una incuestionable efectividad por realizarse tras un concienzudo análisis de los sistemas visuales mediáticos, de sus trampas y retóricas y de sus limitaciones y conquistas.

Las fotografías que forman parte de las series que llevan por título: “Desterritorios” , “Topometrías” y “Campos de juego” presentan fragmentos de espacios públicos sin identificar ante los cuales sitúa en primer plano diferentes dispositivos de cuantificación métrica o bien, la sobreimpresión de un terreno deportivo. Nos encontramos en la mayoría de los casos ante lugares aparentemente periféricos, ante espacios transitorios e intersticiales en los que no advertimos cualidades explícitamente referenciales y que –utilizando palabras de Jean Marc Bustamante- “son moral y psicológicamente indefinidos”.

Las referencias físicas a estos “no lugares” -en el sentido smithsoniano del término- aparecen por decirlo de alguna manera, en un plano secundario y son mínimas, omitiendo todo rasgo de especificidad territorial en favor de un creciente proceso de estandarización del espacio público, aspecto este último que ya venía siendo denunciado por el artista en su producción de los últimos años.

Nada encontramos de pintoresco en estos espacios de la indiferencia que el artista se afana en cuantificar métricamente, pues no están referencialmente en ningún sitio; aunque podrían estar en cualquier parte…

Esta indefinición, que en un primer instante incomoda y perturba al espectador, favorece esa estrategia tautológica que se potencia con la presencia reiterada en primer plano de los sistemas de cuantificación métrica, e impide un análisis de las imágenes en términos, no ya narrativos, sino simplemente formalistas.

Bajo un evidente procedimiento de eliminación de la profundidad las fotografías suprimen el segundo plano para alcanzar directamente el tercero -en la mayoría de las imágenes desaparece el plano intermedio que hace posible la profundidad y que negocia la relación espacial ente los objetos y su fondo-. Nada queda entre la fuga total e indefinida del fondo y la presentación textural de los artefactos métricos del primer plano.

La estrategia que utiliza Tete Álvarez recuerda vagamente a las prácticas del detournement situacionista aunque desde una postura cínicamente lacónica. Así pues, estas fotografías como objeto se convierten en signos de un lenguaje, pero los precarios sistemas métricos y los campos de juego que aparecen en primer plano no actúan como un signo, sino que en rigor lo son, pues funcionan nominalmente, como en la escritura jeroglífica, y no formalmente.

La interferencia métrica ata por dentro las imágenes y las fractura, vulnera la distancia entre la realidad y la representación para entrar en un territorio que vincula percepción con reflexión.

Los nuevos medios tecnológicos están modificando nuestra relación con los conceptos de espacio y tiempo, nuestra capacidad de percepción y las relaciones con nuestro entorno y sabemos que no hemos hecho sino asomarnos a sus contradictorias posibilidades. Debemos señalar en este sentido que el trabajo desarrollado en los últimos años por Tete Álvarez ha profundizado en las dificultades para establecer una relación equilibrada entre el individuo y la esfera de lo público que no pase por ese creciente proceso de cuantificación espacio- temporal y una dinámica de competitividad traducible en cifras productivas. Los sofisticados dispositivos de opticalidad y medición que Tete Álvarez planteaba en series anteriores como Foto finish evocarían la inconsistencia de un tiempo que se puede recortar de modo infinitesimal, así como de un espacio que se nos revela como virtualmente inaprensible, dentro de ese complejo “campo de juego” en el que nos vemos obligados a competir que es la esfera pública.

La aplicación de un sistema métrico precariamente analógico a estos espacios urbanos intersticiales –y sin embargo reales- que Tete Álvarez ha bautizado con el nombre de “Desterritorios” pudiera entenderse como un modo –también precario- de rebelarse ante lo que Paul Virilio plantea en su conocido ensayo:“Velocidadd e información” cuando señala que en el momento presente “el tiempo real prevalece sobre el espacio real” y que el “instante real” que intentan capturar artificios ópticos como la foto finish y otros instrumentos métricos de alta tecnología no es otro que el de la desaparición de nuestra “consciencia inmediata” y en consecuencia, capturar ese “espacio-tiempo real” mediante imágenes supone “matar la movilidad en el espacio del espectador” aislándolo definitivamente de la experiencia sensible.


back